miércoles, 14 de marzo de 2007

La burocracia

:: Eloy Jáuregui ::
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Hace un tiempo y por 6 meses yo fui burócrata. De los duros de corbata. "Gerente de Comunicaciones (a.i.)" decía en mi tarjeta. La oficina era un "organismo regulador" y no daré más señas. El edificio, a las 7 de la mañana, cuando ingresaba, me provocaba terror. Yo marcaba tarjeta y una cámara y guachimanes me observaban cautelosos. Todos éramos carne de sospecha.
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Subía a mi oficina. Sudaba como un chancho. Le mentaba la quinta maña a mi suerte. Ahí estaba mi material de tortura aunque usted no lo crea. Leer los periódicos. Arrancaba por la página editorial y hacía un alto en la sección vedettes. Seguía con Política y pegaba el salto a Deportes. Revisaba Economía y me escabullía en los estrenos. Observaba los "breves" de mi sector y me solazaba con los columnistas. Luego, el infierno: leer El Peruano. Después, mi muerte de ojo: revisar las Normas Legales. ¿Qué nueva ley amanecía? ¿Quiénes eran mis nuevos jefes? ¿Cuáles eran las disposiciones transitorias? ¿Seguiría un tiempo más en el limbo de mi estipendio zodiacal?

El tormento culminaba a las 9 de la mañana cuando presentaba mi informe al gerente general con cientos de copias a otros burócratas. A esa hora aparecían mis 3 secretarias y mi adjunto. Ellas eran un amor, él una serpiente con pinta de ekeko lujurioso. Luego, los teléfonos empezaban su función. A la hora arrancaba la conversa. Ellas sellaban papeles, engrapaban expedientes. Yo cocinaba las notas de prensa y miraba el reloj. Mi cielo era el almuerzo. En la tarde, el hueveo era lo nuestro.

Según mi jerarquía, yo era el perfecto burócrata, es decir, pertenecía al team de los servidores públicos porque me la llevaba fácil y cobraba puntual. La palabreja deriva del francés bureau, escritorio, y de cratie, cracia, es decir, puro poder. Mi escritorio era mi falo. Lo dije, por las tardes escribía poesía erótica mientras mis secretarías tejían y hablaban de telenovelas. [...]


[Diario La República - 10-Feb-2007]

Sociedad civil, ONG y cultura liberal

:: Gonzalo Gamio Gehri ::
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El problema generado por la aprobación de la ley que pretende controlar las ONG se ha ido agravando poco a poco al interior de nuestra convulsionada escena política. Sectores de la sociedad civil y algunos partidos opositores –aquellos que no componen la vergonzante alianza entre el Apra, el fujimorismo y UN– han planteado que el TC evalúe su inconstitucionalidad. (...)

(...) Este debate ha revelado no pocas confusiones y prejuicios en determinados sectores de nuestra sociedad, incluidos algunos círculos intelectuales afines al gobierno, sobre el trabajo de las ONG y sobre el rol de la sociedad civil en una democracia. Opera aquí una especie de miopía conceptual respecto de los principios básicos del liberalismo político y su legado para el pensamiento y la práctica cívica. Que determinados "gurús" empresariales y políticos identifiquen erróneamente la cultura liberal con el imperio irrestricto de la economía de mercado y nada más (aunque el libre mercado tenga que coexistir con regímenes dictatoriales feroces, como los de Pinochet y Fujimori), no sorprende; tampoco sorprende que crean –también erróneamente– que sólo existe el liberalismo "de derecha". (...) Juicios como ése hacen patente el profundo déficit de cultura liberal presente entre nuestros académicos, cosa que hay que lamentar.

El argumento parece ser el siguiente: el poder democrático es aquel que brota exclusivamente de la representación política. Los usuarios de ese poder son quienes representan a sus electores en los fueros del poder Ejecutivo y Legislativo, y al interior de los partidos políticos. Como las ONG "no representan a nadie", resulta extraño que estén comprometidas con proyectos de investigación y acción vinculados a la vigilancia cívica. De un modo supuestamente irregular, ellas estarían compitiendo con el "poder legítimo". Algo debe andar mal con nuestros partidos, para que otras instituciones "usurpen" su función.

Se trata de una tesis falsa, que pone de manifiesto la estrechez de miras de ciertos intelectuales frente al legado liberal. (...) La representación política es condición necesaria, pero no suficiente, de la ciudadanía democrática. (...)

Es en esta perspectiva que habría que discutir el tema de las ONG y el de su función ético-cívica. El problema de su definición apenas ha sido tocado, a pesar de que se trata de un asunto de singular importancia (desde Platón, el problema de qué es algo –en este caso las ONG– es más originario y decisivo que la cuestión de cuántas sean ellas o cómo podrían ser menos en determinadas circunstancias). (...) La ley anti ONG establece de manera autoritaria e inconstitucional restricciones a este principio. Que un sector de nuestra intelectualidad no perciba claramente los peligros que esta propuesta entraña constituye acaso un signo más de la precariedad de nuestra democracia.
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Tragedia, comedia y política en el Perú - Sobre Valentin Paniagua

:: Alberto Adrianzén ::

Una de las principales virtudes del gobierno de transición de Valentín Paniagua fue su claridad de objetivos, prácticamente, desde sus inicios. Muchas veces Paniagua solía decir que se gobierna con ideas ya que estas nos indican hacia dónde se quiere ir. [...]

Es curioso, Valentín Paniagua era un entusiasta del régimen presidencialista; sin embargo, su visión era todo lo contrario al caudillismo político y a un manejo centralizado del poder. El gobernar era una tarea de equipo, de un colectivo, jamás quehacer de un solo hombre. De otro lado, siempre se negó a ser visto como ejemplo moral. (...)

Ahora que han pasado los años y que no está presente, sospecho que el presidente Paniagua hubiese suscrito lo que dice Timothy Fuller, repitiendo a su maestro, ese inteligente conservador inglés, Michael Oakeshott: "Somos libres para interpretar nuestras circunstancias y responder a ellas mediante el uso de nuestra inteligencia, y en esto podemos obrar bien o mal. Y somos individuos porque no podemos deducir de la vida de otros lo que debemos hacer, por sugestivas que puedan parecer las vidas de otros". Por eso, al no sentirse ejemplo, Paniagua respetaba a todos por igual, puesto que en ese respeto estaban en juego la libertad, la dignidad y la igualdad de cada uno.

(...) Su idea de fundar una nueva democracia no pasaba por él sino más bien por los otros, por la historia. Era tarea de multitudes, pero también de instituciones. (...)

En este contexto, supo enfrentar esa tentación y ese viejo dilema que plantea toda acción política: "entre la búsqueda de la perfección en línea recta y la declinación hacía la cínica posesión del poder por sí mismo", Paniagua optó por lo primero, sabiendo conscientemente de su propia imposibilidad por conseguirla. De ahí que su política haya tenido, por momentos, un sello trágico, puesto que entendía que esta, me refiero a la política, debía ser vivida como una tensión, ya que suponía optar permanentemente entre lo bueno y lo malo (...) Algo que hoy se dice poco y que se esconde tras al manto de una hipócrita unidad.

De ahí que Paniagua entendiera la política sobre todo como un ejercicio moral sin desdeñar las limitaciones que impone la realidad. (...) Su austeridad tenía como referencia no solo los bienes y dineros públicos sino sobre todo el uso de un poder que él ostentaba de manera transitoria y, acaso, fortuita. Sabía que un abuso del mismo llevaba hacía la deshonestidad política, moral e intelectual. Por eso, la política era entendida como sucesivas opciones morales y no solo como el uso tecnológico y puramente racional (y también mediático) del poder. [...].
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Dígaselo con flores

:: Pedro Salinas ::
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Eran del mismo cenáculo. Ahora, está claro, ya no lo son. Uno le sonríe benevolente a Alan y come anchoveta con él. La otra trata de sacarle punta a la coyuntura con un tajador sin gillette. Y así se la pasan los dos, aijó, aijó, sin reparar en su error. (...)

Me refiero, es obvio, a Rafael Rey y Lourdes Flores, que han cerrado con cremallera las orejas para no escuchar. (...)

Y la verdad es que, en medio de esta política de claudicaciones y paños tibios, importa un bledo si la Mazzetti es un dechado de virtudes celestiales. Porque esto de la política, que es a lo que voy, lleva usualmente a generar confusión sobre los temas medulares, a creer que lo más importante del fútbol es la ola y no los goles, a pensar que las cosas no son como son sino como se cuentan. (...)

(...) Porque acá lo flagrante es el titánico desconocimiento del sector por parte de esta ministra, que primero defiende una cosa, después dice otra, y termina echándole la culpa a terceros de los problemas que son de su entera responsabilidad. Lo ideal es que renuncie, claro. Es lo que exige la dignidad. Pero no. Estamos en el Perú, donde dicha palabra huele a pezuña y donde las estupideces nunca viajan solas.

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Jugador

:: Pedro Salinas ::
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Alan es un jugador. Un ludópata de la política. Tiene adicción patológica a los juegos del azar en la vida pública. Es más fuerte que él. Es así. (...)

Es la suerte, y no la sabiduría, la que rige su conducta política. Como Napoleón, cree que primero está la ventura, luego lo demás. Actúa por impulsos, por instintos, nunca por cordura. Tiene que empaparse de la adrenalina del albur para sentirse bien. Y en eso se le va el día; y la vida, claro. Apostando a retirar al Perú del sistema interamericano que vela por los derechos humanos. Organizando timbas con el fujimorismo. Tirando los dados con Hugo Chávez. (...) Lanzando a tres bandas y buscando la carambola en sus copiosas exposiciones mediáticas. Escupiéndole maledicencias de casino a sus ministros cada vez que le zozobra el destino. Y así.

No hay nada que hacer. Le gusta. Le encanta la cosa como a los curas les vacila sermonear media hora y con vino. Y mientras lo tengamos de presidente, la estrella del Perú seguirá jugándose como en el hipódromo. Al golpe. Al placé. Al caballazo. Al tumtúm. Porque las cualidades del presidente García son las mismas que las del apostador. Homónimas de la ligereza, la inconsecuencia, el oportunismo, el disparate, la frivolidad, el sinsentido, lo champero. Porque García, como en el juego, cree que en la política no hay moral ni hay reglas. Que esperar lo contrario es como pretender hacerle la permanente a un puerco espín.

(...) Solamente confiemos en que no se le ocurra, otra vez, como ya lo hizo en el pasado, financiar la tómbola con nuestros impuestos. O peor, jugar con nosotros a la ruleta rusa.
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Antiliberalismo y derechos humanos

:: Gonzalo Gamio Gehri ::
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El fallo de la CIDH sobre las ejecuciones extrajudiciales de 41 presos por terrorismo en el penal Castro Castro está generando una virulenta controversia en la escena política y mediática. [...] La CIDH ha solicitado al Estado el pago de reparaciones a los deudos de los muertos y la realización de un acto público en memoria de quienes fueron asesinados.

Es razonable que el Estado pida a la Corte que aclare su fallo. Es perfectamente comprensible que muchos ciudadanos reaccionen indignados ante la idea (no examinada) de que quienes formaron parte de una organización que declaró la guerra al Estado y al país y sembró la muerte a lo largo de dos décadas sean destinatarios de una ceremonia pública. [...]

[...] No obstante, lo que sorprende es la peculiar comprensión de los derechos humanos que subyace a las declaraciones de los funcionarios del gobierno y los parlamentarios que se han pronunciado sobre el tema. Esto ha evidenciado el profundo antiliberalismo y la casi nula cultura política de nuestros representantes. Aparentemente son "liberales" solo cuando se trata de apostar por la omnipotencia del mercado.

Liberal es la convicción de que la sociedad organizada debe velar por el equilibrio de poderes a través de los canales que establece la ley. Liberal es la creencia en la universalidad de los derechos humanos, cuya observancia le confiere legitimidad a las instituciones y normas positivas que vertebran el Estado. En nada de esto creen nuestros políticos. Para ellos, quienes esperan que se acate el fallo de la CIDH son "pro-terroristas". [...] Nuestra "clase política" y la prensa autoritaria creen que los presos no tienen derechos humanos. [...]

Esto no es derecha liberal, es fascismo encubierto y vindicación de una supuesta "razón de Estado" por encima de cualquier normatividad universal y principio legal. Esto se hizo patente desde los tiempos de la campaña difamatoria contra la CVR ¿Quiénes alzaron la voz para insultar y mentir desde los diarios de ultraderecha? Aquellos que escribían en contra del esclarecimiento de la memoria y en favor de la impunidad desde un rancio discurso pseudorreligioso que evocaba una espuria "identidad patriótica" de "trono y altar" y culminaban sus notas con invocaciones de la Falange española. Sus héroes no eran Locke o Kant. Eran Donoso Cortés y Carl Schmitt.

El debate sobre el fallo de la Corte ha puesto nuevamente de manifiesto que la derecha criolla –política y mediática– solo se "moderniza" para hacer negocio. Su supuesto "liberalismo" es una mera máscara. No ha comprendido lo que significa vivir en democracia. Para ella y sus aliados oficialistas, paradójicamente, los derechos humanos no son para todos los seres humanos. No reparan en que la defensa de la universalidad de estos derechos no es una consigna ideológica, sino un principio de civilización.

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La CIDH no es una jurisdicción supranacional

:: Javier Valle Riestra ::
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[...] Veremos que es innecesario, por imposible, denunciar parcialmente el instrumento de San José –porque no está previsto– y menos denunciarlo totalmente porque en los Pactos de Derechos Humanos no caben cláusulas de escape. Un tratado de DDHH no es denunciable, tal como lo ha sostenido la Comisión de Derechos Humanos de las Naciones Unidas, porque sus características son: a) autoejecutividad, no necesitan de normas para ser aplicados; b) su progresividad, el Bill of Rights, el hábeas corpus británico, los fueros españoles, la revolución francesa, la revolución mexicana, la revolución rusa, han ido conquistando nuevos y mayores derechos; c) el derecho preferente, los derechos humanos prevalecen sobre el poder, d) la tutela judicial efectiva, no existen DDHH sin acción; e) irreversibilidad, una vez conquistado un derecho no se puede retroceder ni derogar ni limitar.

Sostenemos que los derechos humanos y su amparo cuando son conquistados por los pueblos no admiten retroceso, reversibilidad y su único cambio sólo puede ser su radicalización, su profundización. Ni el pueblo puede variar lo que está dentro de la conceptuación democrática del siglo XXI.
No se puede restaurar la esclavitud ni restringir la libertad, suprimir el Hábeas Corpus o el Amparo, la irretroactividad penal perjudicial, la tipicidad punitiva. Ni siquiera por unanimidad popular.

Ir a la OEA, apelando el fallo, es imposible. Es como recurrir al Congreso contra una sentencia de la Corte Suprema. ¿Un referéndum? Utópico, innecesario y oneroso. Que reinterpreten, evacuaran algún sofisma ambiguo. (...)
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